El pasado 18 de abril, Cypress Hill convirtió Gallagher Square en un punto de encuentro generacional donde el hip-hop no solo se escuchó, se vivió.
El encargado de abrir fue Tech N9ne, quien tomó el escenario con su estilo agresivo, técnico y pesado. Su habilidad para rimar y su presencia bastaron para encender al público desde los primeros minutos, conectando de inmediato y dejando el terreno listo para lo que venía.
Después, Bone Thugs-N-Harmony hizo lo suyo. Con ese estilo tan particular de rapear y sus inconfundibles armonías, fueron soltando éxito tras éxito, elevando la energía del lugar. Cada coro era coreado, cada track encontraba respuesta en un público que ya estaba completamente metido en la vibra.
Antes de que el grupo apareciera, DJ Lord salió a calentar motores con una selección de mezclas y clásicos que terminaron de pintar la atmósfera perfecta. No era solo un preámbulo, era el último empujón para una audiencia que ya estaba lista para explotar.
Y cuando Cypress Hill tomó el escenario, la respuesta fue inmediata.
Con un setlist cargado de historia, el grupo soltó desde temprano temas como “Hand on the Pump” y “When the Shit Goes Down”, marcando el tono de una noche que sería un recorrido completo por su legado. El ritmo no bajó en ningún momento: “A to the K”, “Money” y “Throw Your Set in the Air” formaron parte de ese primer golpe de energía, mientras que clásicos como “Dr. Greenthumb”, “Hits from the Bong” e “I Wanna Get High” convirtieron el lugar en un coro colectivo. Era evidente que no había espectadores: todos eran parte del show.
A mitad del concierto, el show tomó un giro con un jam entre Eric Bobo y DJ Lord, un duelo entre percusiones y tornamesas que mantuvo al público expectante y elevó la energía antes del cierre.
En la recta final, la banda desató la euforia con “Insane in the Brain”, uno de los momentos más explosivos de la noche, para culminar con “Jump Around”, que convirtió Gallagher Square en una sola masa saltando al ritmo del beat y selló el cierre con una energía desbordada.
Antes de despedirse, la banda anunció que un nuevo álbum completamente en español viene en camino, reforzando su conexión con el público latino. Lo de esa noche fue electrizante, imposible de no corear, imposible de no vivir: una celebración de himnos que han marcado generaciones y que, en San Diego, volvieron a sonar con la misma fuerza de siempre.










































