El pasado 18 de mayo, Echo & the Bunnymen se presentó con entradas agotadas en SOMA San Diego, ofreciendo una noche dominada por la nostalgia, las atmósferas oscuras y una colección de canciones que siguen sonando tan hipnóticas como cuando aparecieron por primera vez en los años ochenta.
La banda británica apareció sobre el escenario con “Going Up”, suficiente para que el público comenzara inmediatamente a corear mientras las guitarras envolventes de Will Sergeant marcaban el tono del concierto. “All That Jazz”, “Heads Will Roll” y “Crocodiles” continuaron construyendo esa sensación melancólica y elegante que siempre ha caracterizado a Echo & the Bunnymen, transformando el venue en un espacio completamente dominado por luces tenues, ecos de guitarra y un público entregado a cada canción.
La presencia de Ian McCulloch mantuvo intacta esa personalidad reservada y misteriosa que ha acompañado a la banda durante décadas. Sin demasiadas palabras entre canciones, el vocalista permitió que el peso emocional del show recayera completamente en la música y en la respuesta del público, que prácticamente acompañó cada tema de principio a fin.
“The Cutter” provocó una de las primeras grandes explosiones de la noche, seguida por “Flowers”, “Over the Wall” y “Seven Seas”, esta última convertida en uno de los momentos más coreados del concierto. Cada canción parecía reforzar la conexión emocional que gran parte del público mantiene con el catálogo de la banda, especialmente por la manera en que sus temas mezclan oscuridad, romanticismo y dramatismo sin perder fuerza con el paso del tiempo.
“Rescue” y “All My Colours (Zimbo)” mantuvieron esa intensidad mientras SOMA seguía completamente inmerso en el ambiente creado por la banda. Más adelante, “Nothing Lasts Forever” apareció como uno de los momentos más emotivos de toda la presentación, particularmente cuando la canción se fusionó con fragmentos de “Walk on the Wild Side” de Lou Reed, provocando una reacción inmediata entre los asistentes.
El concierto también tuvo espacio para un lado más crudo y rockero con “Bedbugs and Ballyhoo” y una poderosa combinación entre “Villiers Terrace” y “Roadhouse Blues” de The Doors, donde la banda dejó que las guitarras y la energía instrumental tomaran completamente el control del escenario.
Naturalmente, gran parte de la expectativa de la noche giraba alrededor de “Bring On the Dancing Horses” y especialmente “The Killing Moon”, canción que terminó envolviendo a SOMA entero en una mezcla de nostalgia y admiración colectiva. Bastaron los primeros acordes para que cientos de voces acompañaran cada palabra mientras el venue quedaba cubierto por celulares levantados y un coro prácticamente unificado.
Después de abandonar brevemente el escenario, la banda regresó para interpretar “Lips Like Sugar”, probablemente el momento más explosivo y celebrado de toda la noche. El cierre definitivo llegó con “Ocean Rain”, dejando al público inmerso en esa sensación melancólica que ha convertido a Echo & the Bunnymen en una de las agrupaciones más importantes e influyentes del post-punk británico.
Más allá del factor nostálgico, el concierto demostró que la música de Echo & the Bunnymen sigue teniendo un peso emocional enorme en vivo. Sin recurrir a producciones exageradas ni artificios innecesarios, la banda logró mantener a un SOMA completamente cautivado únicamente con canciones, atmósferas y una identidad que sigue intacta después de más de cuatro décadas.
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